Que no, que no puedo gritarle con la voz, que nunca me enseñaron a amarle con palabras. Tengo tantas cosas que decirle con momentos, que me faltan segundos en un "te quiero".
Si me mirara a los ojos cuando sonrío, encontraría el dueño de mis alegrías, de mis noches en vela y de mis despertares. Descubriría canciones que jamás le he cantado, y poemas que jamás le recité.
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