3 de marzo de 2011

Aprende a caminar bajo la lluvia.

Como siempre, él la observaba desde el fondo de la calle, aquella calle principal. El bullicio era enorme y, también, su mejor escondite. Ella parecía ignorar la presencia de unos ojos azules como el cielo. Día tras día, la rutina se volvió en un cruce de miradas, y el amor vacío y solitario.
Era un jueves, llovía. Él llevaba paraguas, ella no. Mojada caminaba, su rizado pelo chorreaba por su rostro y sus labios morados tiritaban. No fue solo un impulso afectivo, sintió la necesidad de protegerla. Y allí estaba ella ahora, bajo su mismo paraguas.
-¿Te tapo?
-Muchas gracias.
Y sus primeras palabras fueron:
-¿Cómo te llamas?
-Tan solo llámame...  sin elle, por favor.



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